Una
cosa curiosa de la reflexología
es que los puntos dolorosos o sensibles
no aparecen salvo que la zona correspondiente
esté enferma, lo que lejos de
ser un inconveniente es de un gran valor
a la hora de realizar un diagnóstico.
Cuando tratemos de localizar la zona
enferma tendremos la seguridad de que
si aparece dolor es que verdaderamente
algo pasa. Por desgracia al contrario
no es lo mismo, ya que en muchas ocasiones
el mal existe aunque por alguna causa
no se refleje en el pie.
También
es importante significar que la intensidad
del dolor no se corresponde siempre
con la gravedad del mal, ya que, por
ejemplo, un simple dolor de muelas produce
un gran dolor en la zona refleja y un
cáncer, incluso mortal en poco
tiempo, no tiene porqué reflejar
una zona dolorida e incluso hasta es
posible que no refleje nada de dolor.
Afortunadamente
la experiencia y habilidad del terapeuta
pueden lograr que aunque el enfermo
no acuse ninguna señal de alarma
se pueda diagnosticar el mal, ya que
junto a la sensación dolorosa
está la presencia física
de que algo va mal.
Aunque
existen ya en el mercado medidores y
hasta localizadores de los puntos dolorosos,
no son imprescindibles y solamente nos
servirán para afianzar un diagnóstico
realizado manualmente, nunca como único
método. Es como si un médico
solamente se fiara de los análisis
y no de sus pruebas exploratorias.
Estos aparatos miden la resistencia
de la piel al paso de una corriente
eléctrica, ya que parece ser
que la piel circundante a las zonas
reflejas posee una conductibilidad eléctrica
mayor e incluso una temperatura diferente.
Estos datos, más aquellos que
se logran mediante el interrogatorio
y las presiones manuales con los dedos,
permitirán establecer con más
precisión la zona afectada cuando
tengamos dudas, pero no son imprescindibles.
La
presión con los dedos es totalmente
necesaria ya que no solamente podemos
calibrar la profundidad y el punto correcto,
sino que averiguaremos si en la Terminal
de la zona refleja existen esas pequeñas
concentraciones redondas que habitualmente
se encuentran cuando la zona a estudiar
está enferma. La manipulación
con los dedos establece también
una comunicación más adecuada
entre terapeuta y paciente y es posible
que además, al tratarse de un
contacto piel con piel, la curación
sea más eficaz.
Aunque posteriormente analizaremos cada
parte corporal en concreto y cada enfermedad,
es imprescindible advertir que la reflexoterapia
requiere mucho tacto, mucha delicadeza
y que está reñida con
los diagnósticos rápidos
que tanto suelen impresionar a los pacientes.
Un
especialista reflexólogo no es
un adivino ni un milagrero, aunque su
técnica difiera sensiblemente
de lo que la gente está acostumbrada.