El
extraordinario potencial educativo y
terapéutico de las actividades
artísticas ha sido ampliamente
ponderado y reconocido desde la antigüedad.
Sin embargo, ninguna de las artes pareciera
ser equiparable, por sus efectos benéficos,
con la danza y la música.
A
partir de mediados de la década
del sesenta, tiene lugar en Argentina
—desde donde rápidamente
se difunde hacia otros países latinoamericanos
y europeos— el desarrollo simultáneo
de la musicoterapia y la danzaterapia
en tanto especialidades terapéuticas
no verbales alternativas, con sus respectivos
marcos teóricos.
A
la bailarina y coreógrafa María
Fux, indiscutible pionera de la danza
moderna en nuestro país, le debemos
los primeros avances en el campo de
la danzaterapia. Profundamente interesada
en explorar los efectos de la danza
para la recuperación de niños,
jóvenes y adultos con diferentes
patologías, no vacila en integrar
personas con problemáticas especiales
a sus grupos pedagógicos y artísticos.
A
través de varias décadas
de activo y exitoso trabajo experimental,
María Fux elabora una metodología
de rasgos originales, ampliamente reconocida
hoy en el ámbito internacional,
donde la artista es requerida en forma
permanente para presentar sus conferencias
y talleres.
El trabajo y las enseñanzas de
María Fux constituyen, sin duda,
un emergente genuino que enaltece a nuestra
cultura.
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